LA PARTICIPACIÓN DEL TEATRO EN LA SOCIEDAD BOGOTANA.

En términos cuantitativos o estadísticos la participación del teatro en la sociedad bogotana no tiene importancia. Puede ser grande o pequeña, si atendemos a la retórica oportunista de los teatros comerciales, o de los pedagogos, o de los grupos experimentales o independientes o de los combos, de los gestores o de los artistas. Es lo mismo. Son formas cualificadas del llanto… En lo cualitativo es donde está la importancia de la presencia del teatro en la sociedad bogotana. Fíjense: a comienzos del siglo XX la bohemia de la gruta simbólica instaló un teatro de élite que todavía tenía de costumbrista; pero ahí crecieron los poetas que acompañaron los sueños y los cantos de amplios sectores de la sociedad. Con Alvarez Lleras y Luis Enrique Osorio se formaron los intelectuales del medio siglo y las clases medias que vivieron la violencia de los años cincuenta. En el Buho de Fausto Cabrera iniciaron los actores de la radio y la tv colombianas, que formaron la sociedad de la segunda mitad del XX, pero también los teatros universitarios y experimentales, por donde pasaron todos los intelectuales y artistas que culminan el siglo y transitan al XXI. En las toldas de García, Camacho y Barrero nos formamos los que andamos a caballo entre los dos siglos. Si bien hoy no somos el espacio exclusivo de formación de intelectuales y artistas, porque la educación se formalizó y la sociedad ha crecido geométricamente durante varios decenios, el teatro sigue influyendo la mirada, la opinión, la imaginación, el gusto, la ética y la estética de amplios sectores de bogotanos que ejercen influencia destacada en la sociedad general. Los gobiernos antes que ayudar, siempre han obstaculizado estos procesos sociales autónomos. De distintas maneras han querido impedirlos sin éxito definitivo. Los últimos 30 años intentaron cooptarlos desde el modelo neoliberal y el teatro siempre encontró la manera de burlar la censura, el soborno, el chantaje de los gobiernos. Esa es la importancia de seguir haciendo teatro arte en Bogotá; mantener espacios abiertos para el pensamiento, la imaginación y la acción independientes. Espacios para la formación de espíritus libres, con curiosidad y criterio, capaces de una creación crítica, con autonomía de las instituciones, de las modas, los partidos o las religiones. La Sala Vargastejada quiere ser un espacio independiente para el pensamiento, la imaginación y la creación. La acción de la Vargas es propiamente formativa en el sentido en que no enseña sino provoca a la acción. Nosotros no tenemos las respuestas, tenemos ganas de conocer, de comunicarnos, de comprender, de hacer en nuestro entorno desde la aproximación al otro, desde la observación, desde el diálogo con los otros, que están con nosotros en las distintas temporalidades del sucederse de lo humano. Compartimos en la memoria los ancestros más lejanos o cercanos, cuyo acontecer nos marca, nos influye desde el pasado. Establecemos diálogos críticos, divertidos, creativos con nuestro contemporaneos, nuestros pares en el presente abrumado de urgencias. Y con ellos proyectamos desde allí las relaciones con nuestros sucesores, con nuestros hijos, el ocurrir de lo humano en el mañana brumoso del territorio que hoy, y siempre, es el planeta, la Pacha Mama. (Camilo Ramírez Sala Vargastejada 23 de mayo 2020 en tiempos de la peste)

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